¡No interpretes el guión del romanticismo que tú no has escrito!

¡No interpretes el guión del romanticismo que tú no has escrito!

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Tengo que confesarlo. Yo también soy una víctima del romanticismo. Yo también tengo miedo a quedarme solo, y a los chicos nos han enseñado que tenemos que tener novia, que eso es lo normal, pero poco nos han contado sobre la soledad, se supone que nosotros siempre estamos bien, que nos apañamos nosotros solos. Pero luego, ¡ay!, aparecen los mismos fantasmas en las relaciones: no queremos estar solos, todos los demás están con alguien menos yo….

Y como el guión del teatro está escrito así, pensamos que la mejor manera para no estar solos es seguir el guión. A nuestras parejas les pedimos que pongan su atención en nosotros. Que hagan cosas especiales con nosotros y que nos ofrezcan sus tiempos más especiales. Pensamos que si están con nosotros no tienen por qué andar con otros, decir «tú eres para mí y yo para tí» es una prueba de amor, y que además la parte que más nos mola es la primera: «tú eres para mí». Luego ya lo que yo haga… Bueno, eso ya se verá.

A partir de ahí el guión nos exige unas cuantas cosas: pensar que ser celoso es amor. Pensar que saber dónde y qué hace nuestra pareja en todo momento es amor. Pensar que las personas nos complementamos y que sin mí, ella no es nadie, que no puede hacer esto o lo otro a su rollo… Para qué voy a daros detalles. Ya sabéis de qué hablo, de eso que vemos en todos los sitios, en las pelis, en las conversaciones con los colegas. Y sabemos que aunque es muy, pero que muy, real, también que es un guión.

Las relaciones de pareja son eso al final: relaciones. Y como en todas las relaciones lo que piden es eso: respeto. Y respetar quiere decir no controlar. Entender que la libertad de la otra persona para hacer lo que quiera está por encima de todo. Y que lo importante es el respetuo mutuo. No tener una relación super normal y romántica a ojos del resto de la gente. Porque sólamente con respeto, comunicación, sinceridad e igualdad conseguimos no interpretar el guión romántico que no hemos escrito.


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